martes, 10 de noviembre de 2009

Puños de whisky

Joselillo avanza como una bala sobre la carretera 57, enfurecido y ardiente sobre las líneas discontinuas del asfalto, el plomo se encuentra girando sobre el camino persiguiendo furtivamente su objetivo. No es un tipo de fiar, un tipo al que le huirías si lo encontraras de noche por cualquier esquina de barriada, es un mexicano con estampas de inglés, un yunkie refinado que deja suspiros en las avenidas burguesas y patricias mojando las faldas de las señoritas. Lleva los ojos morados, el Joselillo siempre se carga con enemigos; los nudillos rotos de las manos oprimen el volante en forma de cadena del chevrolet nova sesenta y ocho, la bala sigue flotando en la autopista y eleva violentamente el agua de lluvia por encima del guardafangos, se come las curvas con delicadeza y va girando en trompos el desgraciado.
Es un loco, en sus tiempos violentos Joselillo le rompió la cara a un bar entero porque un tipo desbordo su Martini seco sobre su traje de lino blanco (imitación al que usaba Tony Manero en Saturday Night Fever)
- Esta estupidez te ha salido muy cara hermano, ¿sabes cuánto cuesta este traje?: Mucho más de lo que tu traes puesto en este momento, tu guardarropa entero de trajes de ocasión, el vestido Prada desgastado de tu esposa comprado en una venta de garaje, las ropas sucias de tus hijos retrasados, tu auto listo para el lote de basura, tu casa y pequeñas propiedades que causan lastima, ¡tu vida misma pendejo!
Desenfunda elegantemente la navaja suiza y provoca una abertura en la bragueta del desconsolado tipo, muere de susto, pero aun continua de pie, enseguida un golpe al hígado que le quita al hombre toda la ilusión de dominar la pelea, se tira al piso y Joselillo arremete con clandestinas patadas a la nuca para continuar con la sinfonía de su delgada y sutil navaja suiza que hace bailar en la espalda del infeliz. -¡Qué me ven!- Levanta la vista y la taberna entera muestra la raíz de sus miedos, golpea a cuanto se le pone enfrente y uno que otro valentón se atreve a tocarlo, pero la nena suiza es aun más rápida y coqueta que cualquier Juan sin miedo de fonda barata, sale del sitio al oír la sirena desentonada de los azules.
Pero esta noche la bala sigue su curso y la 57 parece no terminar nunca, el ultimo trompo en la carretera y lo acoge un recuerdo, alguien había dejado un mensaje en el bolso de su chaqueta, estaban en juego algunos cuantos miles ese crepúsculo, había líneas de alcaloide por todo el lugar que bailaban en las narices ingenuas de esa noche, y una que otra acompañante se desnudaba por tres dólares en la piscina, todo estaba sereno, hasta que alguien quiso tomarle el pelo… el argentino, pensó él , hombre de negocios similares, había visto a sus secuaces en la fiesta mientras estaba concluyendo el trato, de reojo vio como "el patotas" se entendía con la morena de la piscina, este hombre tenía un ojo en el trasero de la nudista y otro en el Joselillo; cuando el paquete hubo llegado a las manos de nuestro galán fusil de Travolta, el patotas desenfunda la pistola usando a la mujer de escudo, Travolta bailando con la bala logra disuadirla y empieza la fiebre, las luces de neón se prenden y las fugaces esferas de espejos bajan, los tiros ensordecen el lugar al ritmo de música disco: Ah, ha, ha, ha, stayin' alive, stayin' alive, una bala tras otra, uno que otro diente roto flota en el ambiente, los sombreros de ala bailan también en el aire, el patotas con la musa de escudo logra interrumpir el curso de una bala, la morena cae al suelo en cámara lenta y se apagan sus ojos, otra bala surca el viento, esta vez el pecho descubierto del secuas se ve frecuentado por el plomo. El Joselillo aproxima sus zapatillas blancas, y la sombra de su efigie apaga la silueta del patotas, el galán deja escapar unas últimas palabras para el acaecido: - how deep is your love, da media vuelta y se marcha refinadamente, la fiesta ha acabado, una mano tersa se filtra en sus costillas, dejando una carta en su bolsillo, agudo con los sentidos de un reptil voltea a todas direcciones, el jardín esta oscuro y solitario, emerge tembloroso del lugar, y el nova vuelve a rugir con un estallido que espanta a las criaturas de la noche.
El mensaje dice:
"la nevera de tu madre está llena"
- ¿Qué diablos son esas palabras? La nevera, mi madre, la nevera, mi madre, mi madre, la nevera, laneveramimadre, mimadrelanevera, laneveramimadre.
De pronto los ojos de Joselillo se abren como faros radiantes del Chevrolet que arranca aún con más furia, endemoniado lleva al enemigo en sus ojos.
- mimadrelanevera, ¡MI MADRE EN LA NEVERA!...

La madre de Joselillo, señora de buenas costumbres, maestra de catequesis en la iglesia que ella misma ayudo a erguir en su barrio, persona pequeña e indefensa de ojos que anhelan paz, (o al menos la anhelaban) nada que ver con el Travolta del que hablamos, su casa se encuentra incierta a estas horas, las chapas de su puerta han sido violadas, huele a res por todas partes, a carne de res petrificándose, huele a sangre fresca, misma que escapa en delgados y delicados hilos del refrigerador, dentro de él, una incógnita, un regalo para nuestro bailarín que danza con balas en salones desalumbrados. Dentro del pequeño refrigerador, en lo compacto de la módica nevera, una bolsa negra se arrincona, en ella una silueta, algo que tiene la forma de un cráneo, es una cabeza con la boca abierta y los ojos afianzados, en la nariz alguien ha introducido narcótico a la fuerza, kilogramos de cocaína embutidos rudamente, los cortes en la yugular son imperfectos, torpes, inhumanos… es la cabeza de su madre, que yace en su propia nevera.
El diablo termina por fin con la 57, el Chevrolet nova es como un carruaje de los infiernos, sus ojos granas despojan lagrimas que brillan como las estrellas al abrir el capote del auto, los felinos en el calvario acompañan su dolencia, el Joselillo sigue su camino, buscando como dijimos al principio, su objetivo, construyendo una tumba para algún desdichado, - "el muerto, muerto esta"- dice Joselillo entre dientes, y la bala sigue su curso.
II
“Santa maría de los Buenos Aires, si todo estuviera mejor”
Manuel Santillán

El carruaje se detiene en el domicilio mortuorio de la madre sacrificada, los ojos de los transeúntes y curiosos observan la zona restringida, pero les preocupa más la llegada de Joselillo, en el barrio le apodan el tigre, porque siempre anda cargado de rayas.
El Joselillo extrae el pequeño bulto del refrigerador, acompañado del cartón de leche fría y da un sorbo directo del empaque aun con las manos temblorosas de rabia, para contemplar la masa inerte que la mafia enemiga consideraría como su última obra de arte.
Da un funeral digno en el patio trasero de la pequeña casa y el nova vuelve a rugir, pero ésta vez no con un bufido de motor, si no con el sonido característico de una bomba atómica, ha explotado, el carruaje ha sido saboteado.
- alguien me ha tomado por un pendejo...
Dice Joselillo zafándose puerilmente de la chatarra del auto que aun arde en fuegos, el felino tiene siete vidas y no es la primera vez que pierde una.
El argentino en realidad es un afeminado, sale con chicas agraciadas para no ser abucheado en los barrios pobres en donde él puede pintarse de aristócrata, las presume, les compra joyas y después las deja morir en las esquinas sin una braga con que cubrirse. Un jersey de la selección rioplatense con el número diez y una chaqueta blanca de pana lo caracterizan, está dentro del negocio desde hace diez años, fecha en que salió deportado de su natal Buenos Aires por ciertos nexos con el narcotráfico, ese mismo año un jugador había sido asesinado por anotar un autogol en el mundial de futbol, el no había salido limpio de la jugada.
Por lo tanto no había pistas donde encontrarlo, después de esto, el puñal ha de ser como una puta aguja en el pajar, en esta ciudad de putas, de putas agujas en el pajar, una sobre una, sería difícil encontrarlo, pero como he dicho, al maricón le gustan las putas, y como he dicho también, esta es una ciudad de putas.
El alfil negro es como una base de datos de las putas locales, y de las putas del argentino respectivamente.
- me dirijo inconscientemente después de usar mi helvecia navaja para encender una vespa modelo setenta, una bufanda de lino, un traje de seda aun alisado por lo que fueran las trémulas manos de mi madre, mis puños, el whisky, mis desprecios y todo mi odio engendrado por el culo del demonio para mis enemigos. La puerta está abierta, los adictos que se creen nocivos juegan cartas, los nocivos que se creen adictos juegan con las rameras, una de ellas se estremece cuando me ve y pretende salir del lugar, pero su miedo puede mas que su astucia y sus pies se convierten en dos pesados yunques que la ancoran al escabroso piso del alfil, me dirijo ciegamente hacia su sensual y voluptuoso cuerpo, es una belleza, no podría negarlo, ella es lo único por lo que Dios pude sentirse satisfecho en este mundo de perdedores, pero hoy, el mundo de perdedores no esta satisfecho con ella; usaría a la pequeña suiza para que las nenas estuvieran solas, pero decido dejarlo a la suerte.
Travolta tira del cabello de la ramera trapeando el piso del sótano con sus nalgas de a millón, para interrogarla en una pocilga de cuarto en donde la esperan una silla tenuemente alumbrada por una humilde bombilla roja.
Casandra, pseudónimo artístico de Cecilia Lombardo, la preferida del argentino, a quien nunca le puso la mano encima, insistía en el hecho de que le traía suerte en las carreras de caballos, el Joselillo la había visto por primera vez en el copa cabana al lado de su maricón acompañante, quien ni siquiera le dirigía la mirada, pues tenía clavada la vista en las extremidades de los caballos a través del monitor; cuando el “maltes”, caballo elegido por Casandra ganaba, lo cual pasaba frecuentemente, el porteño deslizaba un billete de a cien por su celestial escote, el copa cabana no era un lugar de putas, pero al argentino eso le importaba poco.
La mirada de Cecilia, la Casandra, pasó por la efigie de Joselillo y se inclino precisamente en su bragueta con un gesto exaltado y sucio, esa acción hizo que el Travolta se viniera sobre sus pantaloncillos blancos, el galán la hubiera tomado en ese mismo lugar, pero el argentino marco terreno. Joselillo esperó en la salida cuando los secuaces del maricón habían tenido que salir en un contingente de película y habían introducido en un roll royce a Cecilia, al momento en que Joselillo encendía el Chevrolet para seguir a la otra galera, quien al saberse envestido se perdió en las obscurecidas calles de la proliferada metrópolis. Danzando en trompos, trozando postes, destrozando leyes vehiculares, el Joselillo pretendía dar con el automóvil que conducía en tangas a su dulce amor de cinco segundos, pero nunca dio con él.
Y ahora que la tiene enfrente no puede más que arrojarle una bofetada con mano de martillo.
- ¿Dónde está?
La mujer, que parecía con la mirada preguntarle ¿Quién? rompía en llanto, ¡quien más va a ser!, ¡el maricón! ¡El argentino de mierda que se cree Maradona! ....

lunes, 26 de octubre de 2009

Unicornios queriendo estar en otro lugar


Una noche de lluvia seca como las lagrimas en los ojos de los niños extraviados, en una vivienda humilde, una madre lee un poema a su niño antes de dormir, la casa caliente, callada, melodiosa, el aire huele a leche tibia, a chocolate y bombón fundido, la alacena vacía, pobre, solitaria, el espíritu lleno. El poema dibuja quimeras en el cuarto y en el céfiro, éstas escapan como pequeños unicornios que cabalgan por un sendero de letras, trotan al compás de la música que se desenvaina de la voz de su madre:


Somos dos pequeños unicornios
Huyendo de esos, los grandes líos
Aguantando esas ganas de llorar
Aguantando las ganas de callar
Qué pasa, mi pequeño unicornio
Que a pesar de correr en el mismo sitio
Jamás seremos en vez de dos, solo uno,
Entendido que es mejor dormirse
Para jamás poder despertar
Para soñar que estaremos juntos
En otro lugar, en otro mundo
Donde nadie jamás, nos podrá separar.


De pronto un estallido interrumpe las palabras de la madre, los cristales estallan, la portezuela principal es abierta bruscamente, los pasos se sienten cada vez más cerca, se escucha el fragmentar de los cartuchos, truenan los muebles, los jarrones, los retratos, la casa es examinada sigilosamente, demolida y violentada; en la habitación del niño una tormenta lo gobierna todo, relámpagos y centellas se arremolinan en el techado, los unicornios no pueden volar y suavemente son abducidos por el vértigo de la borrasca hacia la nada, quedando al asecho de las centellas que parecen perforar el piso, trozar los arboles y desbordar las aguas, la tormenta no cesa, el estallido de los truenos es aterrador, pronto, serán abducidos por el ojo del torbellino hacia la eternidad.
La madre se fue acercando lentamente al unicornio, hundiendo su dorado cuerno en el pecho del pequeño, quien cae rendido en un profundo sueño del cual no despertará nunca.
Los dos duermen sutilmente en la alcoba, en los pasajes de una elegía eterna, ya no hay más tormentas que resistir, ni rayos, ni centellas, ni balas de que cubrirse.
Era una noche de lluvia seca como las lagrimas de los niños extraviados, una madre perece con su niño, la casa caliente, callada, demolida, el aire huele a sangre tibia, a pólvora y temor, la sala derrumbada, pobre, solitaria, el poema continua dibujando figuras en la habitación, en el viento, escapan como pequeños unicornios que cabalgan por un sendero de letras, trotan al compas de la música que se desenvaina de los cilindros de las armas de fuego.

viernes, 23 de octubre de 2009

Estrella de la rebelión





Dicen que ya no brillan las estrellas como antes

Que el gigante ha muerto
Y que las trovas ya no tienen sentido
Que las cadenas han vuelto a soldarse a perpetuidad
Y un silencio amortiguador empantana el vacio.


Pero el gigante no ha muerto
Y hay nuevas estrellas brillando en la oscuridad
Hoy más que nunca tus trovas habrán de recordarse
Y tus actos no serán ofrenda de lastima.


El poniente traerá de regreso tu laurel de victoria
Polinizando los campos y los viñedos
Diseminando en ellos la flor de la rebeldía
Serpenteando en las cerraduras de la verdad
Y el silencio
Libertando la voz del vencido.


Dicen que ya no brillan las estrellas como antes
Pero es que aun no conocen la noche.

domingo, 18 de octubre de 2009

Requiem in Patrie



Abrocha las mancuernas con el rostro plantado en el espejo, las sirenas resuenan bajo el apartamento, entran sigilosos los himnos de la calle, las alarmas, los disparos y los neumáticos besando escabrosamente el pavimento. Sobre los labios decrece el cigarrillo acoplado de lado en el filo de su boca, dejando escapar pequeños bostezos de humo que difuminan la imagen proyectada en el espejo, los pasos sobre las escaleras se perciben cada vez más latentes, la vieja pistola colt que duerme dentro del placard está ansiosa por ser cargada, las inscripciones en el mango delatan con orgullo en distinguidas grafías de oro el nombre del portador: Joselillo Artaud. Con el dedo pulgar y el índice sobre las persianas observa tranquilo la furia de la metrópoli, la barricada bajo el edificio que se concibe en su honor. Aquel día en que había puesto a trabajar a toda la guardia entera, custodiando, inquiriendo en cada cantina, cada cabaret sucio, oprimiéndolo por toda la ciudad hasta este punto. Después de todo se sentía satisfecho, honrado de que un ciento de policías fueran ordenados para su captura, por fin se había convertido en un hombre importante, no lamentaba su sangre fría, su falta de pasión, ni su incapacidad para expresar lo que ahora veía tan claro; deseaba que aquella redada no fuera necesaria. Imaginó entonces el cortejo fúnebre que lo acompañaría el día de su muerte, la forma en que se relataría su vida en una biografía, los niños que llevarían su nombre, y la vieja casa de su madre convertida en museo, puedo sentir el alivio corriendo por todo su cuerpo, circulando desde la punta de sus pies hasta llegar a sus manos y sus dedos, aquel alivio personificado, queriendo apretar el gatillo. La puerta detona con el estruendo característico de una escopeta, pero la portilla que es igual de pertinaz que el infortunado aun se insiste de pie, le queda tiempo para pensar en su destino, observa el espejo que muestra la figura desolada de aquel flaco cuerpo, el traje de lino blanco hostigado por el rojo de la sangre, y el golpe amoratado bajo su ojo, el golpe eterno que siempre lo acompañó con la noche misma, la ciudad de ricos, y las calles mojadas; los ojos en el espejo como dos interrogantes, abriéndose paso hacia ningún sitio concreto, el corazón a toda pastilla, diciéndose aquello “ el muerto, muerto esta” caminó hasta la parta trasera del cuarto, donde la puerta reinaba, justo donde los policías estaban dispuestos para entrar, los ojos pegados, hipnotizados en la ventana que mostraba el azul índigo del cielo, corrió desmesurado y como una aguja paralizo su cuerpo en un salto montés, la ruptura del vidrio resonó en toda la habitación, dejando esquirlas por todo el aire, sintió sus manos chocar con el vidrio agudo, sus brazos, su cabeza y torso en una suntuosa cámara lenta, hasta quedar entregado al cielo, el aire puro de la ciudad en las alturas, ¡Santa María de los Buenos Aires, todo está mejor! sus palabras al viento y el cráneo tronó sobre el pavimento.

¡Corte y queda! Se apagan las luces, los hombres sobre la acera de enfrente prenden cigarrillos y conversan entre sí, un micrófono dinámico se aleja del cuadro y la cámara retrocede en un eterno zoom back, el director se dirige al actor que limpiándose el color escarlata artificial número cinco trata de pararse del asfalto, ¡estuviste perfecto, con esta te consagras! El actor consigue atajarse por fin del empedrado simulado del set. Pero el Joselillo que yace en el celuloide no volverá a levantársele nunca, ni sus ojos amoratados volverán a surgir desde el viejo chevrolet nova sesenta y ocho blanco.


Mi lado derecho


Cuando desperté ésta mañana me cercioré por completo después de observar la bifurcación de mi habitación, que el lado derecho de mi cuerpo se había separado completamente de su lado izquierdo, se había marchado mientras dormía, quizá salió a transitar por la noche y se extravió camino de regreso, o tal vez alguien más irrumpió en la alcoba y lo secuestró a lo siniestra, o simplemente se fastidió de mi y decidió fugarse. No me siento consternado por verme izquierdo de por vida, ya que el izquierdo es un lado demasiado modesto conmigo, sino por la incógnita fatal de saber en donde se encuentra mi lado diestro, el misterio de no saber porque parajes, avenidas o callejones se encuentre el desdichado. Este fragmento derecho es demasiado moralista y reformista hasta el cansancio que corre el riesgo de ser embestido por rapaces lados izquierdos al igual perdidos. Todas las noches se pierden lados derechos o izquierdos injustamente, y quedan tendidos sobre los camastros mitades de hombres seccionados, llegará el momento en que se unan aquellas fracciones de hombres con otras fracciones, según la atracción de sus lados sin completo raciocinio, sólo por la necesidad de verse completos, lados izquierdos unidos con iguales lados izquierdos que lidian al caminar con las extremidades hacía una misma dirección, o lados derechos pares que darían clases de ética en una escuela normalista, se especializarían las tiendas en zapatos izquierdos o derechos exclusivamente y habría que fundar una aldea de lados derechos que se fronterize con la de lados izquierdos para hacer limitaciones y discrepancias políticas, los fragmentos izquierdos serán buenos portadores de bienestar y prosperidad, mientras que los derechos serán protervos y sólo querrán traer peste y hambruna. Llegará entonces el día en que los pares derechos nos gobiernen arbitrariamente, entonces los zurdos comenzarán una rebelión hacía una revolución de izquierda y acaecerá la guerra de partidos derechos contra los partidos izquierdos.



Yo no quiero, me niego a ser dominado por lados derechos totalitarios o ser representante de un lado izquierdo idealista. Tengo miedo de salir a la calle y que mi lado izquierdo se enamore de su homónimo y empiece así la hecatombe. Es mejor esperar tumbado a que vuelva y rectifique, que un lado derecho no es nada sin su lado izquierdo; por lo pronto permanezco bajo el efecto de mi lado siniestro. Todo pasará me dice mi mano zurda acariciando mi desolación.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Estrategias narrativas en Sin aliento


“No sé si estoy triste porque no soy libre,
O no soy libre porque estoy triste."
Sin Aliento (Godard/1959)



La relación de Godard con el cine clásico norteamericano


Breathless imita una tendencia de los años cuarenta, el “cine negro” un género cinematográfico que se desarrolló en Estados Unidos durante la década de 1940 y 1950. Y cuya primer película de este tipo es El halcón maltés, de John Huston, con Humphrey Bogart y Mary Astor, el término de film noir fue acuñado por primera vez por el italiano Nino Frank y es usado por la crítica cinematográfica para describir un género de definición bastante imprecisa, cuya diferenciación de otros géneros como el cine de gángsters o el cine social.
El cine negro presenta una sociedad violenta, cínica y corrupta que amenaza no sólo al héroe/protagonista de las películas sino también a otros personajes, dentro de un ambiente de pesimismo fatalista. Los finales suelen ser agridulces cuando no presentan directamente el fracaso del protagonista. Otro punto característico del cine negro es la presencia de la femme fatal, la mujer fatal que, aparentemente inofensiva, puede conducir a sus víctimas al peligro o a la muerte. Las novelas de Dashiell Hammett y Raymond Chandler, con sus detectives Spade y Marlowe son frecuentes fuentes de los guiones del género.
En el argumento de sin aliento, vemos estereotipos dignos de ocupar el nomino de cine negro, Michel (Jean-Paul Belmondo) es un ladrón de coches. Tras robar un coche en Marsella emprende viaje a París para cobrar un dinero que se le adeuda y volver a ver a su amiga estadounidense, Patricia (Jean Seberg). Tras ser perseguido por la policía de tráfico, mata a un agente. Llega a París, pero no tiene dinero, por lo que recurre a Patricia. Ella está dispuesta a ayudarle, aunque desconoce que es buscado por asesinato. Los dos van de un lugar a otro, mientras Michel trata de recuperar su dinero y se oculta de la policía. Patricia duda acerca de sus sentimientos hacia él. Para conseguir dinero roba coches, y pretende escapar en compañía de Patricia a Italia. No obstante, el cerco de la policía se va estrechando alrededor de Michel, al ser delatado por Patricia.
Sin aliento esta plagada de homenajes al policial negro y a un determinado cine americano. Verdaderos afiches que se destacan a cuadro dignos del cine negro, el anti héroe, el sombrero de ala, el revólver, el contraluz, las luz incidental, el traje a raya de gis, la heroína, la música jazz, todos estos son convencionalismos del cine negro que se usan para su reconocimiento en un determinado genero, Godard los utiliza como un verdadero homenaje, situando también la imagen de Bogart en un campo contra campo con Michael como distinción póstuma del genero.
La motivación del personaje enfatiza el resultado u objetivo, más que en los problemas que afronta. La claridad en el objetivo, constituye una fuente de motivación que le ayudan al personaje a superar las condiciones o situaciones no deseadas, y lo encaminan a las que se pretenden.
Al estilo de los antihéroes de Hollywood, Michel tiene dos objetivos principales. Para abandonar Francia. Debe buscar a su amigo Antonio, el único que puede cobrar e cheque por él.
La motivación del personaje enfatiza el resultado u objetivo, más que en los problemas que afronta. La claridad en el objetivo, constituye una fuente de motivación que le ayudan al personaje a superar las condiciones o situaciones no deseadas, y lo encaminan a las que se pretenden.
Al estilo de los antihéroes de Hollywood, Michel tiene dos objetivos principales. Para abandonar Francia. Debe buscar a su amigo Antonio, el único que puede cobrar e cheque por él.
Y conforme la acción avanza, se vuelve claro que a pesar de su actitud fastidiosa, su amor por ella predomina sobre su deseo de escapar.
Los objetivos de Patricia son más defectivos y confusos, manifiesta su interés por conseguir trabajo como reportera del Tribune y escribir una novela; espera un hijo de Michael y no considera ese hecho como una razón para quedarse en París; aunque ella evidencio a Michel, no quiere que lo asesinen, si no tan solo obligarlo a dejarla.

al cine le toca decir lo que la novela no sabe expresar de manera tan poderosa


Ladrón de bicicletas


Los filmes italianos son documentos que se construyen bajo la realidad de la época en que son rodados, a excepción del argumento que es creado para la realización de la cinta, es por eso que las películas italianas presentan un gran valor documental que no se separa de todo del guion, aunque los argumentos son innovados tiene mucho que ver con la realidad y el sistema sociocultural de la época.
Surge en los años treinta el humanismo revolucionario a través de varias corrientes artísticas, pero no logra retratar fielmente la realidad de aquellos tiempos, hasta la llegada del realismo italiano, y viene a ser el cine el único benefactor de este humanismo.
En el neorrealismo italiano los argumentos son pre-revolucionarios y todos utilizan la realidad social acompañada de algún género cinematográfico.
Aunque en los primeros años del cine italiano lo que le sorprendía al publico eran las excelentes actuaciones del reparto, en el neorrealismo se suprime esta disciplina por tratar de contrastar y de ahondar más en la realidad del argumento cinematográfico que sitúa todo en las calles y no en los estudios.
En este caso “el film se presenta como una sucesión de fragmentos de realidad dados por la imagen, sobre un plano rectangular de dimensiones fijas, no es más que la colocación de fragmentos de la realidad” BAZIN, André (1966) ¿Que es el cine?
Es así que el cine neorrealista construye una imagen central basada en la realidad que se sitúa en las calles, donde transcurre la historia de Italia, donde se vive y muere por ella, donde el obrero es el mediador de la historia, donde detrás del personaje se expresa todo un concepto ideológico comunista.
Los actores de ladrón de bicicletas no tenían experiencia alguna con el teatro o el cine, el obrero sale de la casa “breda” el niño fue descubierto en la calle, la mujer era una acérrima reportera.
Sus características es que todos son ajenos a cualquier experiencia de actuación, representan a mismos personajes de la calle, un trabajador cuyo único recurso vital para moverse es una bicicleta, la mujer, obstinada en creer en los buenos augurios de una vidente, y un niño cuya imagen heroica es la de su padre.
Todo esto, para reforzar el retrato de la realidad evocada al cine, interpretes que están mas apegados al papel que protagonizan y no solo eso, que son en esencia una auto protagonización de papeles acelerando con esto el ritmo realista de aquella época.
El neorrealismo se enfoca hacia problemas rurales, a temas en donde se redescubran “las ciudades abiertas” basado es una intriga popular o según Andre Bazin “populista” como lo es un simple accidente de la vida cotidiana de un trabajador que usa como principal recurso su bicicleta.
Bazan lo denomina como un incidente insignificante y banal pero trabajado con mucha inteligencia, es tal vez ladrón de bicicletas el único filme comunista del neorrealismo, porque tiene un gran mensaje social, no es que este añadido en el guión del filme, si no que es una connotación que nadie puede ignorar.
“En el mundo en el que vive este obrero, los pobres para subsistir, tiene que robarse entre ellos” BAZIN, André (1966) ¿Que es el cine?
La tesis de ladrón de bicicletas está basada en una realidad social limpia y objetiva, pero es también un drama moral y psicológico de las costumbres arraigadas en la sociedad.
La perspectiva que tomaron los realizadores en base a la problemática social del momento, es como una especie de etnografía sin la parte científica, sino más bien artística, constituye en abordar temas sobre el obrero o la clase baja, temas que están involucrados y denotados en la sociedad italiana y que influyen en la toma de decisiones del individuo común, la pobreza, la indiferencia, la autocompasión, la discriminación y la figura heroica desfragmentada en un todo por sus partes, porque en la realidad no existen los verdaderos héroes, el héroe es de carne y hueso y por ende tiene a equivocarse.

martes, 29 de septiembre de 2009

Deja de servir tragos, compra un regalo para tus hijos, búscate un traje y dile a Bertha que nunca la olvidé.


La noche era profunda, el teléfono sonaba neciamente, insistentemente, tal vez Bucoy debería ponerse a trabajar, pero la rubia que lo hacía sonreír hacía que esto sonara tan estúpido, como la misma rubia que lo distraía. Muy en el fondo, en una lujosa sinfonola as time goes bye sonaba colmadamente llenando el aire con la nostalgia de Casablanca, el mismo Coleman era como un personaje salido de un filme de los años cincuenta, su traje negro con raya de gis y el sombrero de ala del mismo color recordaban las andanzas de Lucky Luciano por los suburbios. Retuerce la boca después de dar un sorbo a la pequeña copa de Daiquirí.
- Veinte años trabajando en esta barra y aún no sabes cómo preparar un buen cóctel, qué tan difícil es mezclar ron oscuro, sirope de guinda, jugo de limón, cerezas frescas y hielo en trozos. Vamos Bucoy, no sabes hacerle el amor a tu esposa, no sabes como asesinar a un hombre, no sabes administrar un negocio, todas esas cosas podre perdonártelas, ¡pero cuando no sabes preparar un buen trago estas perdido! Sírveme solo un poco de whisky escocés con soda ¿quieres?

Tomó el trago escépticamente y siguió puerilmente las líneas de la vieja canción “no debes olvidar, besar, siempre es besar, igual que suspirar, y lo fundamental será, que el tiempo va” al momento en que los adornos navideños resplandecían en el interior iluminando los rostros abatidos de los hombres solitarios frente a sus tragos, a quienes cantaban tiernamente como si sus copas fuesen a convertirse en la mujer ausente.

Coleman observaba meditabundo por el cristal de la ostentosa tertulia, el malecón se presentaba más amargado que de costumbre, las personas ya no corrían con prisa de vuelta a casa con los bolsos llenos de regalos, ni los niños prendían la pólvora que parecía iluminar el mar y el desembarcadero entero, solo la luna doliente alumbraba aquel pedazo de océano olvidado del mundo. Las olas se quebraban sin fuerza en las faldas del dique y hacían estremecer los pies de los hombres afligidos que llevaban en sus manos un pequeño trozo de pavo para la cena de aquella noche.

-Ya no es lo mismo Bucoy, antes se le robaba con ingenio al que tuviera algo que se le pudiera robar, se podía traficar con algo que estuviera prohibido por la ley, podía vivirse de los frutos negros de esta ciudad, ¿que vamos a suministrar ahora? Con que diablos vamos a traficar en esta ciudad de ciegos, trafiquemos sonrisas entonces, sueños, pues pareciera que es lo único que está prohibido en este lugar; ya no es lo mismo Bucoy, ya no anochece igual por aquí, anochece espantosamente, como si nunca volviera a amanecer de nuevo, ya no hay ampones con uniformados tras de ellos, no hay diferencia entre el rico y el pobre, todos están hambrientos y sin ganas de pugnar, ya no se escucha más el mismo caos del ayer.

Decía tristemente acomodando su huesudo trasero en el banquillo frente a la barra de la tertulia, “no importa lo que pasara; el tiempo va”, en su memoria se iban recreando aquellos recuerdos de la juventud, aquella entrañable amistad con el revólver que nunca lo dejaba solo, el estallido y después la caída del enemigo frente a sus ojos, que componían una armoniosa sinfonía en sus oídos, esos mismos oídos que ahora escuchaban el frágil chocar de las copas de todos los gánsteres olvidados de la ciudad. ¿Qué puede hacer un viejo ampón en una ciudad vieja y pobre?, ¿qué puede hacer una ciudad vieja y pobre sin un viejo ampón? todas las ciudades deberían tener sus viejos ampones olvidados, arrinconados en los cafés y los casinos, en las fondas, como un retrato o un trofeo, para recordar que aquella ciudad fue prospera en algún momento.

La profundidad de la noche iba aumentando, así como los recuerdos se amontonaban en la cabeza del viejo Coleman, se arremolinaban punzantes como destellos fugaces, efímeros mismos como las estrellas pobres que aun se podían ver esa noche de natividad, misma noche de carencias en los hogares con viejos de sombreros polvorosos y arcaicos y pequeños niños que esperan la llegada del Nicolás, que se había olvidado de aquella ciudad.

Dentro, en la tertulia, el whisky parecía evaporarse, a lo que Coleman pidió a Bucoy que le trajese la botella entera de Borboun, y siguió colmando la pequeña copa por lo largo de la noche, acompañando el momento con las ratas y los grillos que reñían, los gánsteres ya se habían retirado a sus casas en los viejos Bugattis agujereados. La melodía se coreaba constantemente “la historia se repite, vibrar con las pasiones, triunfar o fracasar, el mundo es para siempre joven, y el tiempo, el tiempo va

Coleman aventó un fajo de billetes sobre la barra, se reclino el sombrero de lado, peino su delicado mostacho, tomó la pistola por el mango y arrojo aquellas viejas palabras por las que aún hoy se le recuerda en los viejos bodegones, los callejones, las callejas, en las tabernas, los penales, en los casinos y aquí, en la tertulia, hasta la fecha, algunos borrachos aún pronuncian:

Deja de servir tragos, compra un regalo para tus hijos, búscate un traje y dile a Bertha que nunca la olvidé.

martes, 21 de julio de 2009

Un tango con mucho frío



Se sintió indeleble, ante la monótona inseguridad que presidía por las calles, sus pasos duros y confiados hacían temblar el pavimento, y el eco de sus tacones anunciaba su llegada al Copa Cabana, hacía tiempo que no se sentía tan seguro, no desde aquella vez en que el maltes había triunfado por una cabeza en la carrera del año, misma noche en que había conocido al amor de sua vida y que ahora se había convertido en un gravamen más para su errada existencia, pues los lujos de modelo retirada resultaban más caros que el equivalente a la cabeza del maltes, si ésta estuviese en venta; estamos hablando de hace diez años y cien mil dólares en el pasado, su popularidad de nuevo rico le valió para colarse en los ambientes más naif de la metrópoli y vender todo tipo de narcóticos a todo tipo de individuos, ahora su rostro de rufián se estampaba públicamente en los muros de los barrios mezquinos para solicitar su captura, con una larga condena y el mínimo de recompensa, su cabeza valía mucho menos que la bellaca cabeza de un equino, qué vergüenza, se decía él, qué vergüenza ñato, sacudiéndose el sombrero de nítida nieve que caía a borbotones, limpiando la porquería de las calles y llevándose el calor de los prostíbulos. Ver caer la nieve sobre Buenos Aires era algo así como haber sido testigo del descubrimiento de América por Cristóbal Colón. De modo que todos en Buenos Aires deberían estar entre deslumbrados por el inusitado espectáculo y, a la vez, molestos por el frío, pero para Joselillo aquello era una punzada de buena suerte, porque tendría las callejas para él solo.. Aquella luna ninguna patrulla arribó a su presencia, ningún truhán se intercepto por su vía, ninguna cuchilla amedrentó su persona, hasta los hombres pudientes se bajaban de la acera, ensuciando sus zapatillas de ocasión con las aguas para dejar que el Joselillo pasara libremente por la banquetilla, ya se auguraba la impaciente reconciliación con el sexo opuesto, y por poco podía oler la fragancia sobre los pechos de una mujer que no cobrara por sus caricias, una de esas que suelen usar bragas nuevas y no roídas o ambarinas como las pertenecientes a las del Copa Cabana, una mujer de a deberás. La suerte le había llegado en forma de temporal aquella noche, después de tanta sombra.
Le confirió la suerte al cigarrillo, el cigarro huérfano, el ultimo cigarro de la cajetilla que le había brindado Juan Mostaza, no creía en ese pauta de augurios, pero aquella noche era lo más lógico - ¡Santo Mostaza de los boleros de Gardel, Dios te bendiga, che!, pero ¿Cuánto dura la suerte de un cigarrillo? ¿Cuánto dura la vida para estar pensando en la suerte de un cigarro?, un cigarro es la metáfora de la vida, que se enciende con la intensidad de las flores de abril y se consume con el frio de diciembre, se cumple la ultima chispa en el infierno que no existe, pero que duele todos los días, y todos los días se busca para zafarse de ese infierno ficticio, de esa consumación de la vida. Eran los pensamientos de un Joselillo en resurrección, después de años de interminable espera, de añejar el whisky en la gaveta, de guardar el traje de lino blanco que aquella noche se veía más inmaculado que en ningún tiempo, camuflajedo con la nevada de las calles y la nieve de su cabello, la escarcha que había dejado el tiempo.
Ya auguraban los pasos su llegada, vaticinaba el temporal la calma, el Copa Cabana resplandecía como antiguamente lo solía hacer, todavía se exprimían de sangre los fregones que limpian sus pisos y la armonía de golpes se escuchaba melódicamente, sentía por lo ardiente de sus puños que había resurgido de alguna manera, elevando los brazos como alones de ave fénix para peinarse, se juzgó en el sitio adecuado.
Entrando el lugar se quedó chico para su presencia, el unísono de exclamaciones era ideal para sus oídos, y la imagen colectiva de las bocas abiertas le suministraba aliento, el Copa Cabana quedó enmudecido, ¿pero cómo se había atrevido?, Sí entrar a ese lugar para Joselillo representaba la tumba, expresaban al unánime, los cartuchos cortaron al son del compas, uno después de otro, rítmicamente, nadie supo de donde salieron tantas metralletas, ni tantos hombres con metralletas, los hombres de bardí, que detrás, amurallados por sus putas vociferaba: Ponele "¡Qué noche!", Joselo, bonita noche para salir de chito. Joselillo pudo haber experimentado todo tipo de sensaciones o acaso ninguna, ya que estaba completamente abstraído, tarareando las notas de un tango que se le acababa de ocurrir. La inspiración suele llegar cuando se le antoja y, a veces, no en el momento más propicio para crear una obra de arte y aquella era no precisamente una pieza de música. Enfundado sólo por su navaja suiza se puso a bailar la milonga en el pescuezo de los hampones. Y ahí estaban Juan Mostaza, y el chino Moncada, el muñeco y el marquesito a la entrada del Copa, cuidando la espalda del Travoltita, y tras los hombres armados con pequeñas calibre veinticinco las mujeres del Joselillo, impidiendo que estos tiraran del gatillo. Pucha, pero qué noche tan larga.
Aún hay tangos che, de aquella noche, de aquel hombre, de aquella leyenda, inscritos por fieles seguidores en su mausoleo, en su soledad:
Un whisky doble para el alma, dura vita, sed vita

miércoles, 15 de julio de 2009

Nosotros los ciegos


Nosotros los ciegos soñamos que vamos montados sobre orcas que se elevan por ciudades pasteurizadas, soñamos que tenemos muelas en los dedos y quinqués en los pies, soñamos que nos derrumbamos sobre la tierra cada noche y cada noche es como un eterno caer sin despertar, soñamos con ásperas murallas que no terminan nunca, con murmullos de señora y maullidos de gato, con el pánico a no tener miedo, con frecuencias distantes y negruras que bailan entre nosotros, los ciegos soñamos virando la cabeza para advertir lo que soñamos y no soñamos, olfateamos los pesadillas de los demás, escuchamos a las quimeras decir su bonnes nuits lapin, y vivimos en el ámbar dominante de la ofuscación, soñamos a veces con algarabías de indios quechuas y cantos de salvación de incas muertos, soñamos con el apéndice, con las vísceras a falta de orientaciones, se sueña sobre una cama de ébano rodeada de flores de adormidera, con Fantaso y con Ceice porque Morfeo también fue ciego. Todas las noches se sueña con la parábola, porque todo sueño es un simulacro de la verdad. Un sonoro olor a pastizales, sin brillo (en silencio) asoma su escafandra, es La luna de los ciegos.



Se sueña regularmente con perros lazarillos que nos llevan por senderos áureos porque la ceguera no es la ausencia de la luz, si no la totalidad de la nada. Nosotros los ciegos soñamos con despertarnos continuamente, para poder al fin cerrar los ojos.

martes, 14 de julio de 2009

Vicio profundo





Cola de relámpago,
remolino de muertos.
Con el vuelo que llevan,
poco les durará el esfuerzo.



Juan Rulfo (La fórmula secreta)




Con la silla sentada en el cuerpo y puestos los dedos en el ardid, el piso rasgándome las uñas, el aliento cortándome las ansias, matándome las ganas de probarla reiteradamente, con mis ojos en la materia sobre la mesa y la mesa en mis ojos con la materia sobre ella, y ella pasiva, dando tiempo a la colisión, ocupando el espacio exacto en la mesilla, adosándome con las manos temblorosas, acercándome mecánicamente a la masa, observo cautelosamente el volumen y el granel justo a mi dependencia, que coexiste en la cocina, por donde se filtran los rayos de sol estrellándose con el botellón, alumbrando el brebaje oscuro que burbujea y borbotea, causándome sensaciones de deseo y contagio líquido en todo el organismo, por donde fluirá la infusión que se ha vuelto vicio y degradación, tornándose en condena por el resto de mi vida que es pena y la pena es mejora cuando se percibe el gas que se emerge, expulsado por los auras, llegando hasta mi fauces, invitándome a probar la gloria pintada de negro fuliginoso, como la inmensidad que gobierna en este espacio, donde los trastos dolientes se conjugan con la soledad y los cálices ansían cada vez más tu pócima, denotando el vacío en su interior, haciendo notable mi ansiedad plagada de sinuosa sed, que quema y arde en la garganta y en las venas, por donde arrasará el torrente de tus aguas cautelosas, mismas que habitan en tu forma de féretro vetusto y metáfora sin filo de la mujer que no tengo, pero que me hace falta, al igual que me haces falta tú, vicio secreto, profundo vicio, ampolla de los tiempos, conciencia de azúcar y mineral humillante del mundo, mal de los resignados; pues mis manos han de palparte y mis labios apreciarán el alivio de tu formula secreta de veneno disoluto, que en el rojo acabado de la grafía cursiva, responden al nombre en la concisa botella de coca cola.